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jueves, 25 de abril de 2013

El toreo en el México colonial





El cura  Miguel Hidalgo era  dueño de tres haciendas: Jaripeo, Santa Rosa y San Nicolás, en el Distrito de Irimbo (hoy Michoacán), donde crió toros de lidia. En 1800 vendía  toros para la plaza de Acámbaro para varios festejos taurinos, a razón de 10 pesos cada uno. Organizadores y toreros del centro del país le consultaban cuando había que implementar los festejos en honor de los santos patronos.

Consta que después de celebrar la misa de consagración del santuario de la Virgen de Guadalupe en San Luís Potosí, ocupó el palco de honor en la plaza de toros  junto con Félix María Calleja, quien después se convertiría en su más fuerte enemigo. Pocos días antes del  Grito, el cura Hidalgo organizó una corrida, junto con Allende y Aldama, en el palenque de gallos situado  frente al curato de Dolores. Allende toreó bravos  animales de la Hacienda del Rincón y luchó contra  el último del encierro provocando entusiasmo entre el público asistente.

Por lo menos dos toreros, Agustín Marroquín y  Juan Luna, estuvieron entre la gente de confianza de  Hidalgo al iniciarse la lucha por la Independencia. Marroquín había llegado como ayudante  de cámara del virrey Iturrigaray; cinco años después gozaba fama de torero valiente por el rumbo  del Bajío; cuando Hidalgo entró en Guadalajara, en  noviembre de 1810, el matador estaba en prisión y  había sufrido la pena de 200 azotes;  Hidalgo le otorgó el grado de capitán y, según Alamán, "en junta de oficiales lo declaró solemnemente libre de toda nota.  Marroquín fue el encargado de la ejecución de los españoles en Guadalajara, siguió a Hidalgo después del desastre de Puente de Calderón, y ascendió a coronel, muy cerca de esta ciudad por el Huachichil, Marroquín detiene a un grupo de españoles  que iban huyendo ante la inminente llegada del cura Hidalgo a la ciudad de Saltillo, poco tiempo más tarde fue aprehendido en Acatita en Baján muy cerca de la ciudad de Monclova, fue condenado a muerte y fusilado en Chihuahua el 10 de mayo de 1811. El torero Luna  gozaba de las confianzas de Allende y Aldama. Participó en acciones de guerra en Guanajuato, Michoacán y Jalisco; y fue  aprehendió en octubre de  1810.

De José Maria Morelos se ha dicho que tenía afición por la fiesta. Más bien parece que  en su juventud trabajó como vaquero cerca de Valladolid, cuidando ganado bravo. Según Lucas Alamán, al perseguir a un toro rejego se pegó contra una rama, de cuyo golpe le quedó una cicatriz  en la cara. 

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