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viernes, 19 de octubre de 2012

Cine Royal


1950
Cine  de Barrio

Asentado por la calle de Juárez entre Matamoros y calle de Arteaga, construido en el año de 1949 anteriormente estuvo en ese mismo lugar el XXVI regimentó de caballería hasta el año de 1925,  su sala era muy grande y las butacas eran de lámina, por lo que en las noches de invierno, una vez sentado, el frío calaba hasta los huesos.

Por la década de los setena, a manera de broma, cierta gente solía decir; cuando compras un boleto para el Cine Royal,  a la entrada te dan un garrote y un costal, esto  para matar y meter las ratas que supuestamente  había dentro del cine, dependiendo el número de roedores que atraparas, recibías un bonificación, lo cierto es que, justo a un lado del cine corre el centenario arroyo de la Tórtola y en la parte del fondo del cine se encuentra y junta  su cauce con otro arroyo, llamado El Martillo, esto probablemente propició que alguna ocasión se metieran roedores  la sala.  

Con el correr de los años el cine  mostró un considerable  deterioro  material, como consecuencia  de un pobre mantenimiento. Una mañana del mes sin poder precisar aún, pero del año de 1978, como a las once de la mañana, se dejó sentir un fuerte ruido, parte de  la estructura del techo cercana a la pantalla, la estructura metálica no resistió más y parte del techo se vino abajo, afortunadamente el suceso fue por la mañana, por lo no hubo desgracias personales.

Los dueños tenían la intención de levantar y reparar el edificó por diferentes motivos desconocidos el tiempo paso y el cine  fue abandonado hasta que desapareció.

La plantilla del personal del  Cine Royal era la siguiente:

Dos personas  encargadas de la limpieza, quienes temprano por la mañana se encargaban de dejar listo la sala para la función del día.

Una  persona, por lo regular mujer,  encargada en la taquilla para la venta de boletos, conocida como la boletera.

Un  celoso portero quien después de romper los boletos dejaba ingresar  a la gente para presenciar la función.

Dos encargadas de la dulcería, quienes tenían que hacer desde temprano  sándwiches, hot dogs, en el intermedio servir  refrescos, hacer palomitas de maíz y llevar las ventas de copas con helado, muchos otros dulces y golosinas, por cierto las ventas de la dulcería en ocasiones era el lugar donde se encontraban las verdaderas ganancias para las empresas.

Dos personas asignadas a la cabina de proyección, sus tareas consistían en poner las películas, durante las funciones, cuidar el foco, cambiar las varillas de carbono, rebobinar los rollos de películas, estar al tanto de que la película se desplazara libremente por el intrincado mecanismo del proyector, que no se rompiera o e atascara, pegar los pedazos entre otras cosas.

Por último un encargado o gerente, persona responsable del funcionamiento y operación de la sala, por otro lado  tenía que lidiar con todo tipo de situaciones y problemas y darles solución ya que el la función siempre debía  de continuar.

Otro personal eran los acomodadores, cuando en la sala estaba a oscuras y ya había empezado la función, su labor principal consistía, en mostrar el camino por los pasillos, encaminar y guiar a los espectadores, para  asignarles los asientos correspondientes, por cortesía  se le podía dar una moneda o por el gesto. Se valían de una lámpara o pequeña linterna para realizar su tarea, también  labores de vigilancia para que la gente extinguiera los cigarrillos ya que supuestamente no se podía fumar, durante muchos años esta restricción no era respetada. 

Para ir al cine la tradición marcaba asistir un poco antes de la función pasar al lado del cine Royal, ahí  se encontraba una lonchería donde se preparaban lonches[1] de  ternera, la idea era comerlas durante la función de cine.

El Cine Royal  proyectaba en un principio estrenos y después casi solo producciones nacionales. En la actualidad el espacio que ocupaba el cine es utilizado como estacionamiento y presenta un notorio descuido.


[1] Así se les dice a las tortas en Saltillo 

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